Los medios de comunicación españoles tienen sus fijaciones e intereses. Y por ello son muy previsibles en sus editoriales. Es lo que hoy ha pasado con
El País, el nuevo periódico global en español, que en su cruzada por liberar a
América Latina de esa cruz que es el indigenismo se ha propuesto contribuir a acabar con el primer presidente indígena del continente, el boliviano
Evo Morales. Su
editorial de hoy es todo una declaración de intenciones partiendo de su titular,
Ingobernable Bolivia. En el primer párrafo del texto, el editorialista nos advierte de la posibilidad, o tal vez manifiesta el deseo, de que tenga lugar un levantamiento (no precisa si militar o civil, aunque seguramente desearía el primero por haberse demostrado más eficaz en otros países del entorno) para derrocar a un gobierno
legítimamente elegido.
El subtítulo del editorial también es digno de ser interpretado, Evo Morales pretende aprobar su Constitución ignorando las reglas del juego democrático. Con toda la intención el texto desprende la idea de que el presidente boliviano va a imponer su Constitución por la fuerza, pero tres párrafos abajo sorprende reconociendo que el nuevo texto constitucional va a ser sometido el próximo año a referéndum. ¿Pero no tenemos claro que la democracia significa precisamente la participación del pueblo en el gobierno? ¿No es un referéndum un medio de garantizar esa participación?. La respuesta a esas preguntas las tenemos en el último párrafo, cuando reconoce que Evo Morales goza "del apoyo de los más desfavorecidos". Lo que en un país con un índice de pobreza superior al 60% de la población son muchos votos.
Insistiendo en su apuesta por difundir los valores democráticos occidentales,
El País completa sus editoriales de hoy con un texto muy crítico por el
recibimiento que ha tenido el presidente libio,
Muammar el
Gaddafi, en España y Francia, donde tras haber mantenido encuentros con los presidentes
Sarkozy y Zapatero ha cerrado contratos por valor de 10.000 millones de euros. Lo que habría de preguntarse es si el malestar del buque insignia del Grupo Prisa se debe a que tal vez no ha participado de ese reparto del botín. Botín, que tal vez ve peligrar en
América Latina, donde el
imperio mediático fundado por Jesús de
Polanco tiene incontables intereses.