Fraga ha salido espoleado como un caballo desbocado contra la decisión del mediático juez Baltasar Garzón de declararse competente competente para investigar los crímenes contra la humanidad cometidos durante la Guerra Civil y el Franquismo. Aunque los medios de comunicación destacaron en sus crónicas que el presidente fundador del PP había calificado esa medida de "disparate", lo verdaderamente importante de la perorata del ex ministro franquista reconvertido en demócrata es el hecho de que subrayó que ya había habido "una ley de amnistía". Interesante precisión, tal vez por qué teme que se le pueda acabar juzgando por los sucesos acontecidos en Vitoria en marzo de 1976 que acabaron con el asesinato de cinco trabajadores bajo las balas de la policía mientras él era ministro de Gobernación. ¿Tendrá miedo Fraga de convertirse en una especie de Pinochet español intentando evitar sentarse en el banquillo de los acusados en los últimos momentos de su vida?