martes, 10 de febrero de 2009

Morir libremente con dignidad

La Iglesia Católica tiene posiciones firmes pero al mismo tiempo contradictorias respecto a la vida y los avances científicos. Recientemente la Iglesia Española puso el grito en el cielo para censurar a una pareja que había decidido tener un hijo seleccionado genéticamente para que naciera sin una enfermedad hereditaria y pudiera ser compatible con un transplante para su hermano, afectado de esa enfermedad hereditaria transmitida por sus progenitores y que estaba condenado a morir. Hoy esa misma Iglesia Católica es la que ha censurado que en Italia se dejase morir a una joven que llevaba 17 años en estado vegetativo. Afirma la Iglesia Italiana que a Eulana la "han matado", pero obvia que si se mantenía viva, si a ese estado se le puede calificar de vida, era precisamente gracias a una máquina producto de los avances de la ciencia y la medicina. Estado que llevado a extremos podría entenderse, desde un punto de vista de la filosofía platónica e incluso del cristianismo primitivo, como una especie de "secuestro" por parte de la ciencia del alma inmortal de Eulana, o Ratzinger se ha olvidado de que "el cuerpo es la cárcel del alma". Y todo ello sin perder de vista que el propio papa Juan Pablo II rechazó el ensañamiento terapéutico y optó por quedarse en el Vaticano y morir dignamente en su cama cuando le comunicaron que una nueva hospitalización no serviría para curarle, sino únicamente para alargar su vida.