Ahora en estos tiempos de crisis, más cercanos a la depresión que a vislumbrar el fin del túnel, es cuando los gobernantes se dan cuenta de la necesidad de acometer reformars estructurales en la economía española. Después de dos ministros de Economía de diferentes signos políticos, Rodrigo Rato y Pedro Solbes, y varios ministros de industria y economía de PP y PSOE, se ha tenido que esperar a que la fiesta terminara para percatarse de que el modelo económico español basado en el ladrillo, caracterizado por una mano de obra intensiva y en el consumo de un recurso limitado como es el suelo, no podía garantizar un crecimiento económico perdurable en el tiempo. Todo una demostración de que los males de la Educación española no vienen sólo desde la reforma de la Logse. Y a todo esto ha tenido que venir un premio Nobel de Economía pare decirlo y para aclaranos el futuro cercano poco halagueño que nos espera. Otra cosa es que acierten en la dirección que debe tomar esa reforma estructural de la economía española. Apostemos a que no.
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