Cuando se habla sin haber pensado en lo que se va a decir se corre el riesgo de equivocarse. Pero si esa actitud se extrapola a la labor de un Gobierno, lo que se puede oir por boca de sus miembros llega a provocar no sólo sonrojo sino indignación. La última ocurrencia del gobierno canario presidido por Paulino Rivero alcanza esa cota. Las cabezas pensantes del Ejecutivo canario han pretendido emular a la Evita Perón abanderada de los pobres y haciendo gala de un populismo barato se ha querido postular como intermediario entre las superficies comerciales y las ongs para el reparto de productos alimenticios a punto de caducar entre las familias necesitadas. Una medida que si bien resulta redundante, porque ya existen organizaciones que realizan esa labor como Cáritas o Banco de Alimentos, lamentablemente no sorprende si se tiene en cuenta que el presidente de ese mismo gobierno afirmó recientemente que Canarias saldría antes de la crisis por la simple razón de que había entrado en ella antes que el resto de España.
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