Un país no se puede construir con dos partes enfrentadas. El PNV no lo entendió así y en la vorágine del Pacto de Lizarra llegó a creer en la posibilidad de alcanzar una Tierra Prometida habitada únicamente por los hijos de Aitor. Se entregó a esa tarea con devoción y olvidó que su Cannaan también estaba poblada por gentiles. Hoy es el PSE el que tiene la pelota en su tejado. Hasta ahora, aunque guardarán las formas y dejarán a Ibarretxe ser el primero en intentar formar gobierno, los socialistas apuestan por gobernar en solitario. Puede ser la opción menos mala de las que tenga sobre la mesa Patxi López, pero seguramente no es la mejor para construir un país. Ibarretxe ha sido el candidato más votado y aunque en esta campaña electoral se ha olvidado de su tan manido plan, seguramente es hoy por hoy un ancla demasiado pesada que puede impedir que que socialistas y nacionalistas remen juntos. A lo mejor es momento de ir soltando algún lastre que permita cruzar el Mar Rojo.
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